Introducción al herbalismo en la cocina

Creo que el herbalismo, la medicina de las plantas, debería estar al alcance de todas las personas así que sigo con mi pequeña introducción a la medicina herbal. Esta vez voy a centrarme en una de las estrategias más simples y a la vez fundamentales para que las plantas medicinales y silvestres comestibles entren en nuestras vidas y es haciendo que entren en nuestras cocinas. 

El herbalismo es la medicina del pueblo, de la gente, y está al alcance de todas las personas. Tu puedes cuidar de tu salud y la de los tuyos y no necesitas un doctorado para lograrlo.

Aunque la sociedad parece que a veces se olvide de ello, el cuidado es para mi uno de los grandes pilares de la humanidad: cuidar de nosotras mismas, cuidar de nuestros seres queridos, cuidar nuestro mundo y todos los seres que lo habitan… Habrá quien piense que soy algo idealista o naïve pero a mi me gustaría devolverle al cuidado el lugar que le corresponde, un lugar central en nuestras vidas. Siento que al hacerlo realmente estamos generando un gran cambio de paradigma con grandes repercusiones a todos niveles y sinceramente, creo que está a nuestro alcance pues en menor o mayor medida todas tenemos margen de maniobra para ir haciendo pequeños cambios, que desde mi punto de vista són los que tienes más números de sostener a lo largo del tiempo. Sin prisas. Sin forzar nada. Con calma. 

Los cuidados como base del bienestar

Desde el 2004, cuando nació mi hijo mayor, mi idea de cuidado ha girado sobretodo alrededor de la familia y, sin darme cuenta, las plantas (y la naturaleza) han acabado tomando el papel protagonista y es que al fin y al cabo, ellas representan la base de la red trófica, de la cadena alimentaria que nos sostiene, pero si algo he aprendido es que las plantas son mucho más que alimento para el cuerpo, son también alimento para el alma y entre medio, nos ofrecen todo tipo de cuidados: para nuestra piel, para nuestra salud, materiales y fibras para crear, color para transformar y expresarnos… sus virtudes son tantas que una puede dedicarles la vida entera y no parar de aprender pero hoy quiero empezar por lo más básico, lo más simple, ideas para incorporar las plantas en nuestro día a día, en la cocina.

La rueda del bienestar

Quiero hacer un inciso que es para mí muy importante y que seguro que habrás oído mil veces y puede que no hayas integrado: más vale prevenir que curar. Y no voy a sorprenderos si os digo que la mejor forma de prevenir es manteniendo hábitos de vida saludables. 

Las plantas son seres increíbles que pueden ayudarnos de mil maneras pero nosotras debemos poner de nuestra parte. Si llevamos una vida extremadamente sedentaria, si no descansamos suficiente o si nos alimentamos de cualquier manera no nos sentiremos bien, por muchas infusiones que tomemos. Como os he dicho, lo primero es poner los cuidados por delante. Sin cuidados, no hay salud, no hay bienestar.

La teoría nos la sabemos todas por lo que no voy a entrar en detalles, pero como aplicarla en nuestro día a día es lo que nos cuesta más he creado la rueda del bienestar, una propuesta para que puedas analizar tu situación e identificar pequeños cambios que puedan ayudarte a cuidarte y cuidar mejor. 

Si únicamente quieres ideas para introducir de forma fácil las plantas silvestres comestibles y plantas medicinales en tu dieta y la de tus hijos, puedes saltarte el ejercicio, pero como herborista quiero remarcar que la gran mayoría de problemas de salud (física, mental y/o emocional) pueden solucionarse o mejorarse muchísimo únicamente cambiando hábitos de vida.

La gran mayoría de problemas de salud (física, mental y/o emocional) pueden solucionarse o mejorarse muchísimo únicamente cambiando hábitos de vida.

Las plantas pueden ser grandes aliadas en momentos difíciles (son potentes medicinas) pero lo ideal es que diseñemos nuestras vidas de forma que los momentos difíciles sean la excepción, no la norma.

Estamos muy acostumbrados a pensar en la salud de forma reactiva: me pasa algo y entonces reacciono, muy a menudo cuando ya me encuentro al límite pues he ido ignorando todas las señales hasta encontrarme en una situación insostenible. Me gustaría que aprendiéramos a abordar nuestra salud de forma proactiva, que trabajáramos en cuidar la salud en lugar de solucionar la enfermedad.

Me gustaría que aprendiéramos a abordar nuestra salud de forma proactiva, que trabajáramos en cuidar la salud en lugar de solucionar la enfermedad.

En este ejercicio te propongo que te centres en cinco áreas para construir tu bienestar. La idea es que analizes cada área centrándote en acciones que ya estás haciendo para reforzarla y cambios que te gustaría llevar a cabo. De este modo, nos hacemos conscientes de todo lo positivo que ya sucede en nuestras vidas al tiempo que identificamos pequeñas acciones que puedan generar grandes cambios.

ALIMENTACIÓN E HIDRATACIÓN
El padre de mis hijos siempre hace la misma broma: el 87% de las estadísticas que se encuentran en internet son inventadas y esto lo sabe el 65% de la población… Así que no me voy a inventar un número pero sí voy a afirmar que la gran mayoría de gente que he acompañado como herbalista no bebe suficiente agua. Sin ir más lejos, muchísimos dolores de cabeza pueden solucionarse o mejorarse con un par de vasos de agua. Inténtalo la próxima vez que tengas uno. Del mismo modo, la alimentación es nuestra herramienta de salud más potente. Somos lo que comemos. Literalmente. Y en los países desarrollados nos encontramos con una contradicción: dietas generalmente sobre-abundantes (sobretodo en azúcares y carbohidratos refinados) y, al mismo tiempo, carente en micronutrientes. En unas líneas hablaré más sobre alimentación y aquí quiero que te centres en cosas prácticas.

¿Te sientas a comer?

¿Masticas?

¿Haces otras cosas al tiempo que comes? (Teléfono, pensar en todo lo que queda por hacer…)

Comer y beber son necesidades básicas. Como respirar. Devolvámosle el valor que les pertenece.

SUEÑO
Las horas de sueño son de vital importancia pues son el momento de recuperación y restauración pero cuando se tienen hijos pequeños, a menudo tenemos que lidiar con numerosos despertares nocturnos (durante años).

En cierta forma, la deprivación de sueño y la ma(pa)ternidad van de la mano y esto no quiere decir que no podamos tomar acciones para que nuestro cuerpo y nuestra mente puedan descansar mejor. No hablo de buscar trucos mágicos que hagan que nuestros hijos se despierten menos, los despertares nocturnos tienen su función a nivel evolutivo, forman parte del desarrollo normal de nuestros hijos. Hablo de priorizar nuestro descanso y entenderlo como una necesidad básica y ponerlo por delante de otras actividades.

Te animo a que analices los principios básicos de higiene del sueño y busques pequeñas acciones que sientas que pueden ayudarte.

Por ejemplo, yo me acuesto temprano y duermo una buena cantidad de horas pero a menudo me levanto hecha un cromo porque durante la noche adopto posturas incómodas durante las numerosas tomas de pecho de mis pequeños. Por un lado, quiero reducir el número de veces que ofrezco el pecho y es que me he dado cuenta de que actualmente la necesidad de mi pequeña es más de contacto y presencia y ella es también feliz si le acaricio, le canto, me acerco a ella de forma que sus piececitos toquen mi barriga… Por otro lado, quiero tomar más conciencia de mi postura y aunque estando medio dormida a menudo da pereza, quiero recordarme de adoptar posturas cómodas para levantarme más descansada. Dos acciones bien simples (simples en el sentido de que están a mi alcance si yo tomo un compromiso conmigo misma) que en pocos días han generado un gran cambio en mi vida.

Algunas ideas para hacer revisión:

 

  • Mantener un horario de sueño constante. ¿Eres gallo o búho? Hay quien es de levantarse temprano por las mañanas y quien prefiere alargar por las noches. Aunque tengas unos horarios externos (trabajo, colegios…) puedes identificar tu patrón e intentar honrarlo. No estamos hablando de acostarse a las 6 de la tarde o a la 2 de la madrugada pero posiblemente puedas jugar dentro de un margen de 1 o 2h. Identifica qué tipo de horario funciona mejor para tí y para los tuyos y trata de mantenerlo.
  • Crear rituales relajantes antes de dormir. Si me sigues de hace tiempo seguramente ya sabrás que las rutinas no son lo mío, me sobre-estresan y me representan una exigencia más. A mí no se me dan bien y puede que a tí sí. Y qué bonito que cada una podamos encontrar lo que funciona para nuestra familia. En casa, lo que priorizo es tratar de respetar nuestros ritmos y buscar formas para celebrarlos, poniéndoles intención. Para no liarnos con sintaxis, usaré uno de mis términos favoritos (que me saqué de la manga hace años), el de micro-culturas familiares. Encontremos lo que funciona en nuestros hogares y adoptémoslo. Desde las cuestiones más prácticas a las más espirituales.
  • Crear un entorno de sueño cómodo. Nosotros hemos dormido muchos años con dos colchones extra-grandes en el suelo. Con tantos hijos, una sabe con quién se acuesta pero nunca con quien va a levantarse así que durante muchos años (mientras los 4 ahora mayores fueron pequeños) tuvimos varios colchones en el suelo. Priorizamos la comodidad y seguimos haciéndolo.
  • Evitar los dispositivos electrónicos antes de dormir. Esta es una que cuesta pues el teléfono móvil es siempre muy tentador… y si logras cambiarlo por un libro o por escuchar un audiolibro seguramente tu sueño mejorará muchísimo. Pruébalo un par de semanas y me cuentas.
  • Limitar el consumo de cafeína y alcohol. Pásate a las infusiones y regálate un tiempo para tí al escogerlas y prepararlas. ¿Cómo te sientes hoy? ¿Algo inquieta, con una mente que no puede parar de pensar? ¿Qué tal un poco de betónica? ¿Con nervios en el estómago? ¿Una tila? ¿La cabeza embotada? ¿Romero?
  • Evitar ir a dormir con la barriga llena. Dejar un tiempo entre la cena y acostarse.
ESTRÉS Y REALIZACIÓN
¿Tienes momentos de descompresión?

¿Qué te gusta hacer?

Cuando se tienen bebés y criaturas pequeñas es fácil dar y dar y dar y hacer sin parar. Siempre para los demás. Y necesitamos darnos también a nosotras. Es fácil perder nuestra identidad (sobretodo si hacemos una pausa en nuestra carrera profesional), sentirnos sin propósito, sin saber muy bien quién somos más allá de “mamá de…”.

Te invito a mirar hacia dentro y escucharte. ¿Con qué disfrutas?

Es importante mantener vivas nuestras pasiones. En casa siempre tengo un proyecto de tejer junto al sofá. Puede que hoy le dedique 3 o 4 minutos y no lo vuelva a tocar hasta la semana que viene pero ahí está, para poder ir regalándome pequeños momentos a lo largo de los días. Y cada pocos años tengo un jersey nuevo (para el último ¡tardé 3 años!).

Y cuando te sientas desbordada para y respira. De verás, pon el foco en tu respiración. Únicamente respira durante unos minutos.

MOVIMIENTO Y AIRE LIBRE
Tus hijos lo necesitan tanto como tú así que si no puedes a solas, busca opciones con ellos. Aunque de un poco de pereza. Póntelo fácil. En casa el pasar un tiempo al aire libre va por delante de las extraescolares o el plegar la ropa. Siempre.
COMUNIDAD: PERTENENCIA Y CONTRIBUCIÓN
La pandemia de la que no se habla, la soledad, afecta a muchísimas personas y especialmente a las madres.

Hablamos muchísimo de la necesidad de tener tribu, de criar en comunidad pero luego nos quedamos encerradas en nosotras mismas. Aquí una gran revolución: pedir y aceptar ayuda.

Desde alguien que te escuche y te haga compañía (aunque sea en la distancia) a alguien que ayude a hacer las compras. Lo que necesites. Atrévete a pedirlo. Atrévete a compartir.

Es el primer paso para encontrar tu tribu.

Un día te ayudarán y otro ayudaras tú y es que al fin y al cabo, somos seres sociales y son las interacciones con nuestro entorno y con todos sus habitantes las que acaban de llenarnos de sentido.

Como verás, en la rueda no hay un espacio para lo que ya sucede y otro para lo que quieres implementar. Hay un solo espacio para todo. No es un accidente. Lo he hecho así por qué no se trata de una lista de tareas a hacer o objetivos a cumplir sino una lista para inspirarte, para guiarte desde el amor hacia tí misma y hacia los demás.

Puedes rellenar una rueda para tu bienestar y otra para el bienestar familiar o incluso una para cada uno de los miembros de tu familia.

Alimentación – Plantas en la cocina

Deja que la comida sea tu alimento y el alimento, tu medicina

Hipócrates

Volviendo de nuevo a las plantas, el primer paso, el más simple y a la vez más importante es incorporar las plantas en nuestra dieta pues como acabas de ver, es una de las áreas más básicas de cuidado.

No tengo intención alguna de recomendar dietas específicas y es que mi experiencia como herborista es que no hay una dieta milagrosa que sea perfecta para todo el mundo, cada persona tiene unas necesidades únicas y por ello creo en la necesidad de encontrar lo que a tí te funciona. Hay quien florece con una dieta vegana o vegetariana y hay quien por mucho esfuerzo que ponga en ella, su cuerpo no puede funcionar sin carne o huevos o… lo que sea. Lo mismo con la leche, el gluten, etcétera. Y en realidad, nuestras necesidades van cambiando a lo largo de la vida y puede que la dieta que te servía ayer, no te sirva hoy. No tengas miedo al cambio.

Para mi, no hay consejo universal y aún así, sí que puedo daros muchas ideas para que sigas la dieta que sigas, las plantas silvestres y medicinales tengan una mayor presencia.

Algo que sí me atrevo a proclamar como universal son los beneficios de una dieta variada con gran foco en los alimentos locales y estacionales.

Con los años me he dado cuenta de que la naturaleza nos ofrece realmente aquello que más necesitamos. Plantas locales y personas humanas crecemos en un mismo ecosistema por lo que podemos apoyarnos a un nivel profundo.

Próximamente os iré haciendo nuevos vídeos de plantas silvestres comestibles y aquí podéis ver ya algunos:

Y como os he dicho al empezar, hoy vamos a lo más básico y espero que así muy pronto os animéis también a salir a la naturaleza y relacionaros con las plantas de primera mano (pronto publicaré una propuesta en este sentido).

Formas fáciles de incorporar plantas en tu dieta

 

Especiero medicinal

Las especias culinarias son una iniciación fácil y segura. Probablemente ya tengas muchas en tu cocina y puede que también sepas que las especias culinarias no solo aportan buen sabor a nuestros platos sinó que tienen también todo tipo de propiedades medicinales.

Una gran duda que surge al intentar introducir plantas medicinales en nuestras vidas es la cantidad. ¿Cuánto puedo tomar de esto o de eso? Y si estoy embarazada o tengo niños pequeños?

Pues bien, con excepción de un par de especias que os explicaré en un momento, las especias que encontramos en esas estanterías tan chulas del supermercado, en sus pequeños botecitos, son seguras si se toman en cantidades alimentarias por lo que son la forma más fácil de empezar a relacionarnos con las plantas medicinales.

Eso sí, ahora viene mi gran truco, las especies solo sirven si están ¡al alcance!

En el armario no nos sirven de nada pues muy a menudo no pensamos en ellas.

En casa las tenemos siempre a la vista. Tenemos un pequeño carrusel (un soporte que gira) con diversas especias y lo colocamos en la mesa cada vez que comemos. El resto del tiempo está en un carrito que tenemos cerca de la mesa, con el resto de aliños (aceites, vinagres…), las servilletas y los manteles, las velas con las que creamos ambiente sobre todo en las épocas más oscuras del año… Se trata de ponérselo lo más fácil posible.

Algunas de las especies, semillas y demás que usamos mucho en casa:

  • Semillas de sésamo
  • Cacao (generalmente para los más grandes pues es estimulante)
  • Algarroba en polvo
  • Canela
  • Clavo
  • Nuez moscada (siempre en pequeñas cantidades, la ingestión de 10g o 2 cucharaditas puede resultar tóxica)
  • Semillas de ortiga (estas las recogemos nosotros, tenéis un vídeo en mi Instagram)
  • Semillas de lino
  • Tomillo
  • Romero
  • Menta
  • Pimienta en molinillo (los molinillos nos gustan mucho)
  • Pimentón
  • Levadura nutricional (Saccharomyces cerevisiae, sabor salado, hay quien lo compara al queso)

Pero tenéis muchísimas por explorar: anís, cardamomo, comino, hinojo, cilantro (frutos u hoja), cúrcuma… Las podéis comprar en el supermercado en sus pequeños tarros pero cuando empecéis a identificar cuales son las que os gustan más, os recomiendo comprar a granel. Por sostenibilidad y porque a menudo son de mejor calidad.

Os dejo aquí una mezcla para platos “dulces” que a nosotros nos gusta mucho.  Mezclar partes iguales (en volumen) de:

  • canela
  • cacao (estimulante) o  polvo de algarroba
  • jengibre en polvo 

De forma opcional, añadir unas pocas semillas de cardamomo o clavo. Estos al ser frutos grandes se quedan dentro del especiero y no llegan a nuestro plato pero sí que aromatizan la mezcla de polvo.  Mis hijos la echan sobre yogurt, tostadas, palomitas, un vaso de leche vegetal…

Como véis, os he dado muchos nombres de especies pero poca información sobre sus beneficios. De nuevo, se trata de una omisión táctica, con ella quiero invitaros a que toméis consciencia de lo que pasa en vuestro cuerpo. Prueba alguna especie y fíjate en si notas algún cambio. ¿Has notado un cambio en el aroma o el gusto del alimento al que le has añadido la especie/semilla/otros? ¿Has notado algún cambio en tu digestión? ¿Y en tu estado de ánimo? Me gustaría que empezaras así a relacionarte con tu intuición. Luego puedes venir de nuevo a internet y buscar información sobre la planta en concreto pero este primer paso de conectar con tu intuición es crucial pues cada planta puede actuar de muchísimas formas, algunas que a priori pueden parecer incluso contradictorias. Esto es así porqué las plantas responden al ecosistema que es cada uno de nuestros cuerpos y mentes. Una misma planta puede resultar estimulante para mí y relajante para tí en función de nuestros puntos de partida. De ahí la importancia de empezar a conectar con nosotras mismas para entender mejor cómo actúa cada planta.
Sal de hierbas

Un imprescindible en el especiero de nuestro hogar es la sal de hierbas o sal verde como la llaman mis hijos.

Para hacerla, en casa simplemente mezclamos un puñado de sal gruesa/sal marina con un buen puñado de planta. Usamos romero, tomillo, melisa, menta, perejil, ajo de bruja, ortiga… lo que tengamos a mano.

Cogemos partes iguales (en volumen) de sal marina gruesa y planta (fresca o seca), lo ponemos todo en un molinillo de café eléctrico / usamos la batidora o thermomix para triturar.

La sal cogerá el color y el aroma de las plantas y se encargará de que la mezcla se conserve en buen estado.

Si la mezcla queda muy, muy húmeda (puede pasar con algunas plantas frescas) también puedes añadir un poco más de sal o colocar la mezcla en una bandeja, creando una capa lo más fina posible, y ponerla en el horno al mínimo (40 o 50°C) durante 10-20 minutos.

Si no puedes recolectar o comprar planta fresca, puedes usar planta seca. En casa siempre usamos “sal verde” en lugar de sal normal y después de haber hecho unas cuantas, cada cual tiene sus hierbas favoritas pero la de ajo de bruja y la de algas deshidratadas (Kelp que es la que recojo en cantidad en mi zona) siempre están presentes.

Embarazo y lactancia

Ahora hago un pequeño paréntesis para hablar sobre el uso de plantas durante el embarazo y la lactancia. Estas son dos etapas de la vida en que la nutrición y el cuidado en su definición más amplia son cruciales pues estarán sosteniendo la creación de una nueva vida.  En breve os compartiré una entrada específica sobre el tema y ahora me centro en las especies que tenemos más a mano, las culinarias.

Plantas a evitar durante el embarazo:

En general, evitar aceites esenciales (aquí explico por qué) sobretodo durante el primer trimestre y el uso interno durante todo el embarazo. Como he dicho antes, las especias en cantidades culinarias son seguras pero en grandes cantidades hay algunas especias comunes que conllevan riesgos para el embarazo:

  • Canela en grandes cantidades
  • Hinojo en grandes cantidades
  • Orégano en grandes cantidades
  • Romero en grandes cantidades
  • Albahaca en grandes cantidades
  • Poleo menta (Mentha pulegium)
Plantas a evitar durante la lactancia y con bebés:

En general, evitar aceites esenciales (aquí explico por qué) Si tenéis alguna duda sobre qué tomar y qué no durante la lactancia, ya sean plantas o medicamentos en general, mi recomendación es siempre consultar e-Lactancia (en inglés o español). Su base de datos es actualizada constantemente y la información está explicada de forma simple y rigurosa. https://www.e-lactancia.org/ Otra fuente solo en inglés: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK501922/#IX-S Sobre especias que encontrareis en el supermercado, durante la lactancia es mejor evitar: 

  • Anís estrellado: contiene anetol que se excreta en la leche materna y es neurotóxico para el lactante. También se han dado casos de contaminación accidental con Illicium religiosum (Illicium anisatum, anís estrellado japonés) no comestible, muy tóxico.
  • Salvia, menta, perejil en grandes cantidades* (puede reducir la producción de leche)

* Cuando hablo de grandes cantidades me refiero a litros de infusión al día. El consumo de una taza de infusión nos traerá beneficios sin contraindicaciones.

Aceite de hierbas

Otra forma fácil de introducir plantas y aromatizar nuestros platos es usar aceite macerado en plantas. En tu cocina probablemente usas ya aceite para aliñar y preparar platos así que ¿por qué no añadirle un toque aromático?

Los aceites macerados en plantas pueden usarse también de forma tópica y como base para preparar ungüentos y bálsamos (en nada os enseño a hacer mi alternativa para los sticks de árnica y el ungüento que uso para el culito de mis bebés). 

Aquí os expliqué como hacer aceites de hierbas macerados “en frío”, mi método favorito para usar los aceites por vía tópica,  pero cuando voy a usarlos en la cocina, prefiero utilizar el método rápido de elaboración en caliente. El procedimiento es muy similar solo que en el método en frío, dejamos macerar durante varias semanas mientras que en el método en caliente usamos un baño maría y el aceite está listo en un par de horas. Aquí tienes el Paso a paso.

Para usarlos en la cocina (ingerirlos), recomiendo hacerlos con el método en caliente para asegurarnos de que no hay crecimientos bacterianos indeseados.

Tanto en frío como en caliente, los oleomacerados se pueden hacer “a ojo”, siguiendo el método folclórico, o midiendo cantidades. Desde mi punto de vista, para la cocina/uso casero no hace falta complicarse la vida, con lo que os explico cómo hacerlo sin medir concentraciones finales. (Puedes usar el enlace del método en frío para aprender a medir concentraciones).

En casa nuestros favoritos son el aceite de romero, el aceite de ajo y el aceite de guindilla. 

Para el de ajo no hace falta macerar durante días y días, con 24h hay más que suficiente.

El de romero además puedes usarlo de forma tópica para dolores musculares.

Vinagre de hierbas

Los vinagres de hierbas son una gran forma de extraer minerales y micronutrientes.

En casa usamos siempre vinagre de sidra (de manzana) aún con la madre pero podéis escoger el que os parezca. Nos gusta hacer vinagres para cada estación del año y en esta entrada os explico todo el procedimiento y algunas cosillas más como un truco para evitar moretones, hacer vinagres de limpieza y más.

Raíces pulverizadas 

Las raíces pulverizadas son otra forma fácil de introducir plantas en nuestra dieta.

Nosotros usamos raíz de diente de león o raíz de malvavisco y las espolvoreo encima de  sopas, ensaladas, los cereales del desayuno, las añado en pasteles o panes… ¡Imaginación al poder!

El malvavisco (Althea officinalis) es demulcente, repara y protege las mucosas tanto respiratorias como digestivas.

Simplificando lenguaje: las mucosas son las barreras entre el exterior y nuestro interior. Piensa en la nariz y la boca, por donde entran aire y alimento, y todo el circuito que hacen por nuestro interior. Si mantenemos las barreras sanas, nos evitamos muchos, muchos problemas. 

La raíz de diente de león (Taraxacum officinale) tiene muchísimas virtudes pero a mi me gusta verlo como un tónico digestivo y hepatoprotector (protector del hígado), es decir, le recuerda a tu digestivo como trabajar de forma eficiente.

Ambas raíces son remedios muy suaves pero ¡hay poder también en la delicadeza!

Vegetales al horno (patatas, calabaza, boniatos)

En casa usamos muchísimo el horno para asar vegetales, sobretodo raíces y tubérculos: patatas, calabaza, boniatos… y siempre echamos hierbas por encima para aromatizar.

Podéis usar especias conocidas como el romero, la salvia o el tomillo o usar algunas menos conocidas como las ortigas o la melisa.

Salsa verde 

Otra forma fácil de incorporar plantas en vuestra dieta es hacer pestos caseros.

En casa no nos complicamos mucho y los hacemos siempre a ojo: un par de puñados de planta fresca, un puñado de frutos secos (anacardos, piñones, almendras, lo que tengamos a mano) un buen chorro de aceite de oliva y un poco de queso rallado (opcional, levadura nutritiva es otra opción). Lo trituramos todo y listos. Si queda muy espeso, simplemente añadimos más aceite. Os lo explico aquí.

Nuestras plantas favoritas a parte de la albahaca son la vinegrera (Rumex acetosa, silvestre muy abundante), las ortigas, el ajo de oso (podéis verlo aquí) y el romero combinado con perejil y rúcula.

También usamos mucho el amor de hortelano o la hierba gallinera (Stellaria media) básicamente porqué crecen en gran abundancia aquí en casa y no nos las acabamos ni queriendo.

Miel de hierbas

Si en casa usáis miel, ¿por qué no añadirle un extra e infusionarla en hierbas? En casa las usamos sobretodo de forma medicinal y las preparamos con:

  • Tomillo
  • Salvia

El procedimiento es bien simple: llenar ⅔ de un tarro con planta y acabar de llenar con miel.

Dejar macerar durante un par de semanas mientras vais girando el tarro cada 1 o dos días pues a veces las plantas pueden subir a la superficie y desarrollar mohos, estropeando la miel. Otra opción para evitar que esto suceda es poner una capa fina de azúcar de caña en la parte superior, creando así un sellado/cierre.

Pasado el tiempo de maceración, filtrar la miel, compostar/desechar la planta, embotellar en un tarro limpio y desinfectado (o incluso estéril) y etiquetar.

En casa siempre tenemos miel de ajos (para resfriados y para preparar marinadas) y de limones. NOTA: Recordad que la miel no es adecuada para menores de 1 año por riesgo de botulismo.

Como veis, formas simples de introducir plantas en vuestra dieta hay muchísimas. Estoy segura que vosotras tendréis mil ideas más y me encantaría que las compartierais en los comentarios. En casa, otro truquillo que uso mucho es el usar infusiones en lugar de agua en caldos, cremas, etc…

¿Compartes tus ideas en los comentarios?

Y si te han gustado las propuestas y piensas que pueden interesarle a alguien más, ¿compartes la entrada? Cada vez que compartimos algo que nos inspira, estamos semblando semillas de cambio.

Nitdia
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